Si miro atrás, casi todo empezó igual: tocando cosas sin saber muy bien qué estaba haciendo. De pequeño desmontaba aparatos; más tarde desmontaba programas, y ahora desmonto sistemas enteros si hace falta. Siempre he aprendido así, por curiosidad pura y a base de trastear, romper y volver a construir.
Ese camino me llevó a estudiar Ingeniería Informática y, más adelante, a hacer un máster en ciberseguridad, pero lo cierto es que una gran parte de lo que sé no viene de títulos, sino de horas de experimentar. Me gusta entender las cosas a bajo nivel: por qué un protocolo funciona como funciona, qué ocurre detrás de una llamada, cómo encajan las piezas en realidad. Ahí es donde más disfruto, tanto en seguridad como en cualquier área técnica que toco.
Con la ciberseguridad me pasó algo curioso: no fue un flechazo, sino un proceso natural. Empecé probando vulnerabilidades, luego me metí en temas defensivos, después en análisis y normativa… simplemente seguía tirando del hilo. Y cuanto más aprendía, más quería entender «lo que hay debajo». La criptografía, por ejemplo, fue uno de esos descubrimientos que me enganchó por completo.
De ahí viene también mi interés —y mi verdadera pasión— por la blockchain. No por las modas, sino por la tecnología en sí: los sistemas distribuidos, los mecanismos criptográficos, la transparencia, los retos de seguridad… todo encajaba con lo que me gustaba. Ese interés me llevó a crear mis propios proyectos, como una prueba de concepto para intercambiar energía entre comunidades de vecinos o LuxTrace, una solución de trazabilidad de productos de lujo.
En paralelo, también me he acercado mucho a la inteligencia artificial, sobre todo desde la perspectiva práctica: cómo aplicarla, cómo integrarla con sistemas existentes y cómo convivir con ella desde el punto de vista de la seguridad.
Al final, todo lo que hago —ciberseguridad, blockchain, IA o desarrollo— tiene un punto en común: entender, experimentar y construir. No sé si es la forma más ortodoxa de aprender, pero es la que ha marcado mi camino y la que sigue definiendo quién soy profesionalmente.